Colombia

¿Paz con los jefes del crimen? Digno Palomino pide pista desde la cárcel

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El escenario de la llamada “paz total” en Colombia podría sumar a un nuevo y polémico aspirante: Digno José Palomino Rodríguez, jefe de la banda criminal “los Pepes” y uno de los principales cabecillas del crimen organizado en Barranquilla, pidió oficialmente ser incluido en las mesas de diálogo urbano que impulsa el Gobierno Nacional.

La solicitud fue enviada mediante una carta firmada por Palomino desde la cárcel La Dorada, en Caldas, donde se encuentra recluido. El documento, fechado el 7 de julio de 2025, fue dirigido directamente al presidente Gustavo Petro y a la senadora Isabel Zuleta, una de las voceras políticas del proceso de paz urbana. En el texto, el líder criminal manifiesta su deseo de participar activamente en los espacios de conversación que promuevan la desactivación de la violencia en las ciudades.

La carta desde prisión: “Queremos ser puente con los jóvenes”

A través de su abogado, Cristian Morelli, Palomino dejó ver las motivaciones detrás de su petición. “El interés no es otro que ser un canal de comunicación y de acción ante los jóvenes que los escuchan, ante las comunidades que los vieron crecer, porque estamos hablando de personas que dentro de los territorios en los que han vivido tienen una buena acogida por parte de la población”, aseguró el defensor, citado por Blu Radio.

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La misiva es vista como un intento de reposicionarse, no solo dentro del contexto carcelario, sino también ante las autoridades nacionales, como una figura con capacidad de incidir en procesos de pacificación local. Una jugada que, aunque controversial, responde a una dinámica que ya se ha replicado en otros territorios del país como Medellín, Quibdó y Buenaventura, donde el Gobierno ha abierto mesas de diálogo urbano con estructuras armadas locales.

¿Quién es Digno Palomino? El rostro detrás de “los Pepes”

Digno Palomino es conocido como el líder de la estructura criminal “los Pepes”, una organización dedicada al sicariato, la extorsión y el narcotráfico en la región Caribe, especialmente en Barranquilla. Esta banda ha protagonizado en los últimos años una sangrienta confrontación con el grupo rival “los Costeños”, liderado por Jorge Eliécer Díaz Collazos, alias “Castor”.

Ambos grupos, que en el pasado fueron aliados, rompieron su pacto de no agresión y desataron una violenta guerra por el control territorial y las rentas criminales. Esa disputa ha cobrado la vida de decenas de personas e impactado directamente a las comunidades de los barrios más vulnerables de Barranquilla y su área metropolitana.

Un intento de tregua entre viejos enemigos

De hecho, según fuentes cercanas al caso, la posible entrada de Palomino a las mesas de paz urbana podría abrir la puerta a una eventual tregua con “los Costeños”. Algo que, de concretarse, sería un hito en la búsqueda de la pacificación de la región Caribe.

No obstante, las heridas recientes son profundas. Hace apenas dos semanas, el mismo Palomino fue víctima de un atentado dentro de la cárcel La Dorada. Según las autoridades, fue apuñalado por otro interno vinculado a “los Costeños”. El ataque, del que logró sobrevivir, dejó claro que la guerra entre ambos bandos está lejos de terminar, incluso tras las rejas.

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¿Es viable negociar con capos del crimen urbano?

La petición de Palomino plantea una pregunta inevitable: ¿debe el Estado abrir las puertas de la negociación a cabecillas de estructuras como “los Pepes”? Para algunos sectores, este tipo de acercamientos pueden leerse como un debilitamiento de la justicia y un mensaje ambiguo a la ciudadanía.

Sin embargo, el Gobierno ha reiterado que su política de “paz total” busca abordar las múltiples formas de violencia presentes en los territorios, incluyendo aquellas ejercidas por grupos no considerados como actores políticos. Las mesas urbanas ya se han instalado con éxito parcial en el Valle de Aburrá, Buenaventura y Quibdó, donde algunas bandas han accedido a ceses de hostilidades y compromisos de no repetición.

Barranquilla: ¿el próximo laboratorio de paz urbana?

Barranquilla no ha sido hasta ahora parte formal del proceso de mesas de diálogo urbano, pero la carta de Palomino podría cambiar ese panorama. Analistas señalan que una mesa de paz en la capital del Atlántico tendría el reto de ser mucho más compleja, debido al nivel de organización y poder económico de las bandas locales, así como al impacto que tienen en la vida cotidiana de las comunidades.

Además, las autoridades deben evaluar si existen las condiciones mínimas para iniciar conversaciones con estructuras criminales cuya actividad está relacionada con delitos de alto impacto como el narcotráfico y el homicidio selectivo.

Una propuesta en medio del fuego cruzado

El pedido de Palomino llega en un momento en que el Gobierno busca consolidar su política de paz con enfoque territorial y diferencial, en medio de cuestionamientos por parte de sectores políticos y sociales que piden más claridad sobre los alcances reales de estos procesos.

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¿Podrá el Estado transformar un gesto desde la cárcel en una oportunidad real para desactivar la violencia urbana? ¿O será este otro intento fallido de reconciliación con estructuras que siguen generando miedo y dolor en los barrios?

La respuesta, por ahora, está en manos del Gobierno Nacional, que tendrá que decidir si esta carta desde la prisión es un acto de buena fe… o una jugada estratégica de un viejo capo del crimen barranquillero.

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